Las resistencias en Gestalt: ¿por qué no avanzo?

¿Qué estoy haciendo que me impide avanzar?

Las resistencias en Gestalt

Las resistencias son fuerzas dinámicas vivas gracias a las cuales se puede desviar la fuerza del ciclo de necesidades a otras vías más interesantes para el sujeto en ese momento. Se llaman también mecanismos de neurosis. En este otro artículo hablábamos del ciclo básico de necesidades en el ser humano. Pues bien, estas resistencias, hacen que no se pase a la siguiente fase del ciclo, no avanzando ni cambiando, dejando ciclos sin terminar o incluso sin empezar.

Desensibilización (también llamado “represión”)

La desensibilización no permite sentir ni percibir, de forma que el ciclo ni se pone en marcha. Un cirujano por ejemplo, ha perdido sensibilidad a la sangre, de forma que puede operar. El alcohol, los calmantes y drogas, desensibilizan. No sentir ciertas emociones como tristeza, dolor, rabia o alegría, también son procesos de desensibilización. Es inaceptable para la conciencia. Pongamos por ejemplo que estoy aburrido. Podría hacer algo para dejar de estarlo pero en lugar de eso no hago nada.

La introyección

La introyección permite evitar la toma de conciencia (el darse cuenta), es evitar saber lo que pasa aquí y ahora.  Por ejemplo, “estoy cansada, pero es lo normal en mi yo siempre estoy cansada”. Ejemplos de introyecciones son:  “es normal así son las cosas”, “en la vida es preciso siempre”, “no se debe nunca”- Son introyecciones los principios que he engullido y registrado sin habérmelos planteado  nunca.  Básicamente, quiero hacer algo pero no lo integro porque “algo” me dice que no es correcto.

En nuestro ejemplo, me siento aburrida, pienso que podría hacer algo pero no hago nada porque “soy aburrida”o “la vida es un aburrimiento”, o ideas similares.

La proyección

La proyección me impide pasar a la etapa de energetización (la de ponerse en marcha). Es un proceso mental por el cual yo atribuyo al entorno algo que me es propio: una cualidad, un defecto, una emoción, un pensamiento, una intención. En la introyección tomo en mi el entorno y lo hago mío. En la proyección reniego de lo que forma parte de mí y lo plasmo en los demás. La proyección se hace cada vez que no soy yo el sujeto de una acción que me conviene. Proyecto sobre el otro la responsabilidad de lo que me pasa.

  • “esto me pone nervioso”……en lugar de …..”yo me pongo nervioso frente a esto”
  • “este libro me aburre”…..en lugar de ..…”me aburro con este libro”
  • “mi novia no me quiere”……en lugar de ……”yo no quiero a mi novia” “ yo no me quiero”
  • ¿me quieres?………en lugar de ……….” ¿te quiero yo a ti?

Las parejas se llevan la mayor parte de las proyecciones.

Como la proyección es rehusar ver en mí,  cosas que yo percibo en los otros, la puesta en marcha para eliminarla requiere la decisión de aceptarla en uno mismo, de reconocer en uno mismo los sentimientos proyectados. De esa manera pierdo la posibilidad de dar al otro la responsabilidad de mi infelicidad, tomando yo la responsabilidad, puedo hacer algo y soy independiente. Lo que no me gusta del otro es lo que no reconozco en mí.

¿Cómo saber si es una proyección? Si me quedo enganchado con lo que hizo o dijo esa persona es que estoy proyectando. Normalmente, el proyector no reconoce su responsabilidad y se lo achaca al otro.

En nuestro ejemplo, “estoy aburrida”, me doy cuenta que puedo llamar a una amiga, pero freno pensando “seguro que no está disponible”o “no querrá hablar conmigo”, “se molestará si la llamo ahora”. En realidad lo que ocurre es que “yo no estoy disponible”, “yo no quiero hablar con ella”, “me va a molestar llamarla”. Pongo la responsabilidad de mis acciones en la otra persona.

La retroflexión

Este es el mecanismo que permite evitar el paso a la acción, a pesar de la energía acumulada para ese proceso. La energía se vuelve contra uno mismo. El punto central es el control de uno mismo, inculcado desde niños y también parte de la sociedad, sobre todo con el sistema de gratificación-castigo. Toda la necesidad de acción y contacto se vuelve hacia uno mismo.

Signos de retroflexión:

  • temblor, agitación, insomnio
  • auto-critica, auto-diagnóstico
  • Auto-agresividad (morderse las uñas, los labios, darse golpes)
  • Culpabilización: yo me juzgo, yo me condeno, la tomo con el otro.

En nuestro ejemplo, noto que me aburro, pienso en llamar a una amiga, cojo el teléfono para llamarla y freno, ya sea porque me pongo nerviosa, pienso que lo voy a hacer mal o que pienso no soy buen amigo.

La desviación

Percibo la sensación, tomo conciencia, me movilizo, entro en acción y en el último momento evito el contacto. Evito el contacto directo con mi presente. Evito el momento de confrontación con el otro, desvío, desdramatizo y evito la escena o el altercado.

Signos de desviación:

  • Cuando hablo solo en lugar de tener contacto directo
  • Cuando digo “si pero…” en lugar de “no estoy de acuerdo”
  • Cuando hago preguntas en lugar de dar mi opinión
  • Cuando escribo en lugar del cara a cara
  • Cuando sonrío mientras expreso mi enfado o tristeza
  • Cuando tomo sobre mí la responsabilidad de un malentendido en lugar de responsabilizarme de mi parte únicamente.
  • Cuando renuncio a formular de nuevo mi pregunta aunque tu respuesta no me haya satisfecho
  • Cuando voy de seductor, en lugar de pedir directamente amor y afecto
  • Cuando dejo para más tarde una idea y una acción de las cuales no estoy seguro

En todos los casos, actúo, utilizo mi energía activamente y….paso de largo. Así no estoy satisfecho y entro en un hiperactividad que nunca me colmará. En nuestro ejemplo, cojo el teléfono, llamo y cuelgo. O le mando un mensaje.

La desvalorización

La desvalorización impide el paso a la realización. En lugar de festejar la alegría, relativizo, desdramatizo y minimizo mi vivencia. En nuestro ejemplo, llamo a mi amiga, hablo con ella y cuando he terminado pienso ” pues no me ha gustado tanto hablar con ella”, “pues no me dejaba hablar”, “pues no tenia nada que decirme”. No me quedo satisfecho. Lo contrario sería, “que bien que he hablado con mi amiga, que bien me ha sentado”

La confluencia

La confluencia es la expresión de la dificultad para terminar algo, acabar, retirarme y encontrarme solo, prolongando el contacto más a allá de mi necesidad. La ventaja de esta táctica, es que me dispensa de decir “paro, ya tengo bastante”, lo cual puede ser percibido por el otro como un rechazo. El estallido, la fuga, el drama son síntomas del estado de confluencia. El hecho de tener suficiente por hoy, no significa que no quiera de nuevo mañana. Para empezar un nuevo ciclo, he de terminar en ciclo en el que estoy.  En nuestro ejemplo, no termino la conversación con mi amiga y si ella lo hace me siento dolida porque ha terminado la conversación.

En este caso hemos puesto un ejemplo sencillo y claro. Lo interesante es tomar conciencia de cuando nos ocurre en los distintos ciclos de la vida y saber cómo podemos gestionarlo mejor. Nos puede ocurrir cuando queremos cambiar de trabajo, hacer un viaje, comprar un coche u organizar una cena. En cualquier objetivo de la vida nos puede ocurrir. ¿Seríamos capaces de verlo?.

 

Natalia Lagares
Terapeuta de yoga, Mindfulness y Gestalt
Twitter: @natalia_lagares
natalia@udanayoga.es

 

Magazine