La meditación budista y el budismo

Dando una visión extraordinaria a las cosas ordinarias

la meditacion budista
La meditación budista y el budismo
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La meditación budista no propone conseguir la felicidad espiritual, el éxtasis o la tranquilidad, consiste en crear un espacio donde podemos encontrar nuestros juegos neuróticos, nuestras ilusiones, fantasías, esperanzas escondidas y nuestro sufrimiento. En ese espacio, haremos NADA. El objetivo de la meditación budista es por tanto, la liberación del sufrimiento. Pero no enterrándolo o huyendo de él, sino aceptándolo y reconociéndolo como parte de uno mismo.

Aceptando la decepción

Recibimos enseñanzas que prometen resolver todos nuestros problemas. Nos imaginamos  que vamos a disponer de medios mágicos que se ocuparán de nuestra depresión, nuestras conductas agresivas, nuestros bloqueos sexuales. Todas las promesas son pura seducción. Es decepcionante darnos cuenta que nada de esto nos va a ayudar, y que la única manera es el trabajo con uno mismo y el propio sufrimiento. Mejor abandonar las esperanzas en la magia. ¿Por qué no permitirnos esa decepción?. Nada de fuera nos va a dar la felicidad. Solo el trabajo interior con uno mismo.

Los 3 tipos de sufrimiento

Según el budismo hay 3 tipos de sufrimiento o dolor que se producen de forma constante en la vida, normalmente en este orden:

  • El sufrimiento de la no-pertenencia. El el sufrimiento ocasionado por la insatisfacción, la separación y la soledad. No hay cordón umbilical que nos mantenga unidos a nada. Estamos completamente solos. Esto nos proporciona un sentimiento constante de inseguridad, sintiendo nuestra existencia como ligeramente incómoda. Perder un amigo, ganar dinero, recoger la casa, hacer lo que debemos, darnos cuenta de nuestra ineficacia, relacionarnos con los demás, y muchas cosas más, nos producen sufrimiento.
  • El sufrimiento de la alternancia. Nos damos cuenta que llevamos una carga.  A veces parece que la carga no está y nos sentimos libres. Pero eso cambia, y sentimos el polo opuesto. Hoy estamos felices, mañana podemos estar tristes. Se trata de la salud y enfermedad, amor y odio, alegría-tristeza y todas las polaridades de la existencia. Y debemos vivir con esa alternancia porque es parte de nuestra naturaleza. Aceptar esas polaridades, y aceptar que ambas se pueden producir, en cualquier momento, es parte del proceso.
  • El sufrimiento del sufrimiento. Es el sufrimiento de todas las cosas que no deseamos en nuestra existencia. Son todas esas situaciones que no podemos evitar y no nos gustan y que nos hacen sufrir. Es el ruido del vecino de arriba, el compañero de trabajo que no me gusta, mi pareja que no cumple con lo que prometió. Miles de situaciones como estas ocurren y seguirán ocurriendo.

Y en todos los casos, cuando viene el sufrimiento, sea del tipo que sea, tenemos dos opciones. La primera opción es no mirarlo, no hacerle caso, no verlo, como si no existiera.  Y cuando hacemos eso, ocurre justo lo contrario de lo que deseamos: vuelve a nosotros aun con mas fuerza. La segunda opción es aceptarlo como algo que es inherente a la vida de lo que no podremos escapar.  Abrazarlo y aceptarlo. Y esa es la vía de la meditación: sentarnos a dejar que ocurra lo que tiene que ocurrir y aceptarlo. Nada más.

Las bases de la meditación budista

Durante la meditación, no intentamos controlar, ni tampoco dejamos estar al espíritu libremente. Hay un trabajo de sostener. En la meditación budista, la práctica esencial consiste en estar presente aquí y ahora,  a través de la toma de conciencia del cuerpo , de la respiración y de la psique. Ser conscientes de la respiración  es lo que denominan “shamatha o anapana“. El espíritu es complicado, exótico, pendiente de todo tipo de distracciones de las cuales nuestros sentidos no pueden huir. De esa manera, la meditación budista propone aceptar nuestra situación y convivir con ella. Nos conviene reconocer  lo que somos, lo que ocurre, ya que nuestro sufrimiento es inevitable y no huir de las situaciones que nos irritan. La práctica continua de la meditación, saca a la superficie nuestras neurosis, en lugar de enterrarlas en el fondo de nuestra consciencia. Si rechazamos los aspectos mundanos de nuestra existencia, rechazaremos también lo que hacemos en ella, por ejemplo algo tan sencillo como comernos un delicioso pastel. De esta manera, tomamos conciencia de las emociones, aceptamos la felicidad y la tristeza, lo agradable y lo desagradable y el resto de polaridades  de la existencia.

Así, aceptaremos todo lo que nos ocurre, sea pequeño o grande. De esa forma, conseguimos darle una visión extraordinaria  a las cosas ordinarias, descubriremos un piedra preciosa entre un montón de piedras.  Con la práctica meditativa, los problemas cotidianos dejan de serlo, para transformarse en fuentes de inspiración. Es la grieta que hay en todas las cosas que permite entrar la luz. La meditación budista no promete nada, ni el nirvana, ni la iluminación. Nos enseña a ser quien somos, estar donde estamos y nos enseña a manejar las situaciones de nuestra existencia. Tomamos la ruta hacia nosotros mismos. Y es eso lo que encontraremos: nosotros mismos. Nos lleva al despertar, que es lo que significa Boudha, “despierto”.

Existen dos formas de meditación budista por tanto: “shamatha” o “anapana” y “vippasana”.

La meditación budista básica “shamatha”o ” anapana”

Consiste en escoger un elemento de atención, como puede ser  la luz de una vela, un mantra, una emoción o simplemente la respiración. Esta última es la mas utilizada, y es la base de la meditación budista. Consiste en sentarse en una silla o en un cojín, con la espalda recta y los ojos cerrados, y observar la respiración y como el aire entra y sale por la nariz. Todo el recorrido. Durante esta práctica, pueden ocurrir muchas cosas, pensamientos, emociones, molestias, que representan nuestra actitud en la vida. Y ahí podemos observar. ¿Qué está pasando en mi interior?. Si queremos ver cambios en nuestra vida tendremos que empezar por cambiarnos nosotros mismos.

La meditación budista avanzada “vipassana”

Teniendo la base de la práctica de “anapana” podemos avanzar a prácticas meditativas enfocadas en expandir el campo de conciencia mas allá de la respiración, llevando la atención hacia las sensaciones corporales y  auditivas, y a la observación de los pensamientos. Además, se realizan meditaciones sobre las partes del cuerpo y  paseando. Vippassana significa “ver las cosas como son en realidad”.  Esta meditación se puede realizar diariamente en periodos de una hora o dentro de retiros de 10 días. Durante estos retiros, se realiza “anapana” los 3 primeros días.  A partir del 4º día y  hasta el final, se practica Vipassana, a través de la práctica de las sensaciones corporales y los pensamientos. Todo el retiro se mantiene el silencio dentro de un grupo.

Cuando meditamos, aprendemos a “dejar pasar” pensamientos, sensaciones corporales y emociones. Así este proceso que ocurre dentro del espacio de la meditación, se verá replicado en el día a día, por lo que podremos “observar y dejar pasar” las situaciones adversas que nos generan sufrimiento, o las emociones destructivas. Simplemente las observamos y dejamos pasar. Están ahí, y otras similares vendrán. Así es la vida.

La meditación budista es el origen del Mindfulness. El budismo zen también, fue una de las influencias mas notables que tuvo Fritz Perls en la creación de la terapia Gestalt.

Existen dos ramas principales del budismo, el budismo tibetano, y el budismo zen procedente de Japón. Ambos tienen el mismo origen, Mahayana, pero se han ido adaptando con el tiempo a cada una de las regiones.

Natalia Lagares
Terapeuta y profesora de Yoga y meditación
Twitter: @natalia_lagares
natalia@udanayoga.es

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